El peor error es plantearse la cuestión: "¿Qué van a pensar de mí?". En primer lugar, la gente suele tener vergüenza... y de vez en cuando por asuntos que si se analizan bien, no resultan tan complejos. Para ejemplificar, hablar en público puede ser costoso, y es comprensible: es el segundo miedo más grande del ser humano después de la muerte. Sin embargo, ¿por qué surge la vergüenza? ¿Por las risas de compañeros? ¿Por pensar en que estos pueden generar comentarios negativos? Es importante reconocer nuestra autoestima y darnos cuenta de que no podemos ser perfectos. ¡Avergüéncense de robar, avergüéncense de matar! ¡Eso sí que no tiene perdón! Tal parece que ser desinhibido y bañarse en aceite genera satisfacción, ¿y qué mejor manera de sentirlo que rodeándose de personas con dicho perfil?
¿Aún con todo lo dicho conservas el sentimiento de bochorno? Déjame decirte que esconderte de todos no es la solución. Puedes platicar el problema con un buen amigo, quizá no sea tan grave como uno pueda pensar. Problema compartido se reduce a la mitad. ¿Temes que hayan generado un mal concepto de ti y quieres que lo cambien? Piensa en esto: "oblígalos". Sigue con tu vida normal, como si nada hubiese pasado; es parte de conocerse a uno mismo. Si uno posee una percepción positiva de su persona, los demás también lo harán.

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