lunes, 29 de marzo de 2021

Mis desventuras en bicicleta: fumadores y tiktokers

Puede que parte de mi esencia no sea tan distinta a la de un gato. ¿Odiar al mundo y juzgarlo para mis adentros me hace mala persona? Quisiera aflorar cosas buenas de los demás, pero a veces lo hacen imposible...

Paso la mayor parte de mi tiempo leyendo, escribiendo y conectándome a las clases de la universidad; pero no puedo estar todo el día con un papel, un lápiz, un libro en la mano o detrás de una computadora. Hay una actividad recreativa que disfruto tanto y que me gustaría invertir más tiempo en ella. Sentir el viento en contra al pedalear, experimentar aquella sensación de tus piernas estirándose mientras tus manos se adhieren a los puños de la bicicleta, es tan placentero que no sé si se pueda describir con palabras.

Salgo y lo disfruto; no lo puedo negar. Solía ir con mi hermana, pero hubo un problema con las llantas de su bicicleta. Tenemos cuatro; tres de ellas funcionan, pero ella solo se siente cómoda con la suya. No estoy seguro en qué quedaron mi papá y ella para ir a repararla; mas eso no me impidió darme un tiempo para mí mismo en seguir saliendo de vez en cuando para ejercitarme.

Lo que origina encanto por mi bicicleta es precisamente su aspecto. Su color blanco es llamativo y no se torna amarillo con el sol; sin embargo, hay un toque rústico en mi vehículo que va envejeciendo con el paso del tiempo. Tiene una canasta negra para transportar las compras de la panadería; de tantas veces que el peso de las botellas de gaseosa venció a la bicicleta, la forma de la cesta evolucionó hasta convertirse en algo abstracto, amorfo.

Ayer decidí salir como en muchas ocasiones. Me coloqué mi mascarilla; "Mamá, voy a salir", le dije a mi madre, y a pedalear por toda la urbanización. En mi mente trazo distintos circuitos: primero rodeo el parque; luego, las principales calles de la zona. De vez en cuando me canso, freno el vehículo, y hago una pausa de un minuto con toda la tranquilidad del mundo. No obstante, ayer percibí la situación muy distinta a lo habitual, que me dejó con un mal sabor de boca.

Daba vueltas y vueltas, hasta que en mi recorrido, encuentro a dos señores ya adultos sin la debida protección que la situación amerita, con un cigarro cada uno. El humo de cigarro se me hace más que peligroso, repugnante; y no lo tolero, pese a que hay gente de mi entorno que fuma. Hay una buena razón por la que personas de generaciones anteriores recomiendan no fumar: es un factor de riesgo en las enfermedades respiratorias, y ante esta situación de riesgo por el coronavirus, se hacen más vulnerables.


Contuve la respiración, y seguí con la rutina. Me gusta observar siempre a mi alrededor cuando conduzco bicicleta: la gente y los lugares. Afuera de una casa cercana del parque, una vecina anciana en pijama discutía con el vigilante sobre un auto estacionado al frente de la vivienda; las motos de servicios delivery rondaban a todas horas; una pareja de chicos de mi edad salieron de su casa para grabar un video para la plataforma de TikTok y qué incómodo momento el que pasé.

No tenía la menor idea de que en las afueras de su casa, un chico y una chica, harían sus coreografías para aquella aplicación que considero, una pérdida de tiempo. Conduje por mi bicicleta de lo más normal, y terminé interrumpiendo sus bailes por pasar a su lado. Pude notar la incomodidad de aquellos jóvenes, mas yo qué me iba a imaginar de las locuras que hacen muchas personas de mi generación. La situación se repitió dos veces más, porque yo daba vueltas y regresaba. A la siguiente ocasión, sentía que pasar al lado de ellos era tan
 embarazoso, además de que no me gusta salir en videos, que antes de entrar a la calle donde estaban, me subí a la vereda para seguir con mi recorrido desde ahí.

Me miraron raro. Yo lo sé, pero bueno, qué más da. Seguí bicicleteando, y en una de las casas por las que pasaba, había un señor ya mayor, mirando a la nada y fumando como cañón. El humo era demasiado fuerte que lo sentí, y se quedó impregnado en mi mascarilla. Horror total. No tolero el olor a cigarro; definitivamente no. Otra vez, aguanté la respiración mientras me alejaba. Cuando llegué a la calle posterior, me quité la mascarilla sin que nadie se diera cuenta para respirar aire fresco. Cerré los ojos mientras inhalaba y exhalaba. Desafortunadamente, una señora pasaba por ahí con su perro, me vio como bicho raro y se dio media vuelta; la comprendo, lo que hago es muy raro.

Regresé al parque. Ya había pasado media hora de mi trayecto, y la viejita seguía hablando con el vigilante exactamente sobre lo mismo. A lo lejos pude ver a un chico demasiado joven, otra vez fumando desesperadamente. No entiendo qué le pasa a la gente, ¿no entiende lo que está pasando, o qué? No iba a soportar otra vez el humo del cigarro, y aún más cuando el de ese joven, tenía una textura tan notoria como las nubes. Así que tuve que ponerle fin a mi aventura en bicicleta por ese día. El ambiente de mi urbanización se me hizo demasiado incómodo.

Estoy pensando en ir a bicicletear en las mañanas, cuando no hay casi nadie y por fin, pueda disfrutar de un aire decente. 

Me gustaría saber qué es lo que piensan. ¿Debo hacer eso? ¿Estás de acuerdo con mi forma de pensar, o simplemente, soy un asocial que no acepta en cierta forma, una normalidad?

¡Un saludo para ustedes desde mi pantalla!
 



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